lunes, 29 de noviembre de 2010

Libro: Breve tratado del paisaje

Una red crítica de difusión, discusión y aporte al medio ambiente

Un mensaje a todos los miembros de PAISAJISMO EN CHILE

Esta obra se encarga de llenar el vacío existente de contenidos sobre teoría del paisaje y sobre una literatura en español acerca de estos temas.


Alain Roger se enfrenta con la prosa ágil del novelista y el lenguaje accesible y riguroso del profesor a algunas de las cuestiones más importantes que en los últimos años se están suscitando en torno al controvertido tema del paisaje.

La colección Paisaje y Teoría en la que se incluye este Breve tratado del paisaje obtuvo en 1997 el premio La Ville à lire, de France Cultura y la revista Urbanismo. El autor reflexiona sobre la muerte del paisaje, las confusas relaciones entre paisaje y medio ambiente o las políticas que se deben aplicar en estos campos. Para ello, parte de un enfoque cultural, fijándose en la importancia que ha tenido el arte en la invención del paisaje.


Este Breve tratado es un ensayo que manifiesta su rechazo a todos los conservadurismos, de carácter lúdico y optimista. Es un homenaje a todos los artistas que han inventado nuestros paisajes y un apoyo a todos aquellos que continuarán esta aventura estética.


Autor: Alain Roger

Editorial: Biblioteca Nueva

Edición: 2007

Cantidad de páginas: 212

Encuadernación: Rústica

Formato: 13,5 x 21 cm

Idioma: Castellano

Precio: $100

Librería: Librería técnica CP67

http://www.cp67.com/


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Buenos Aires, Como funcionan las villas: entrevista a la antropologa francesa Nathalie Puex

DIALOGOS › LA ANTROPOLOGA FRANCESA NATHALIE PUEX Y SUS ESTUDIOS SOBRE LOS BARRIOS MARGINADOS ARGENTINOS

"Hablar de las villas como otro mundo es no entender cómo funciona la ciudad"

Nathalie Puex llegó a la Argentina en 1997 para investigar la violencia asociada a la exclusión social en el conurbano bonaerense. Enseguida advirtió que el problema no es la villa, sino la manera en cómo se organiza y estructura la ciudad políticamente. Aquí desmenuza las redes sociales que cohesionan a sus habitantes, los mitos con los que son estigmatizados y la lógica del endeudamiento en los sectores populares.

 Por Natalia Aruguete y Bárbara Schijman

–¿Qué rasgos encontró en el conurbano a partir de sus investigaciones?

–Hay un sistema político local bastante distinto del de la ciudad de Buenos Aires. Como trabajo mucho en las villas, sobre todo en la zona de Quilmes, Florencio Varela, Lomas de Zamora, tengo muchísimos informantes en esos lugares. Además, si bien los barrios populares y las villas participan de un mismo fenómeno y, en general, surgen por las mismas causas, la manera de vivir en una villa en Capital y en el conurbano no es idéntica. En particular, porque los barrios populares y las villas tienen fuertes vinculaciones con el sistema político institucional, que es importante. Hay prácticas diferentes, especialmente en la relación con el Estado y en las estrategias de supervivencia.

–¿Cuáles son las principales diferencias?

–La gran diferencia está en el desarrollo de la infraestructura. Mal que bien, Capital Federal tiene un desarrollo mejor en términos de calidad de vida que las villas del conurbano, donde hay algunas zonas desarrolladas y otras muy dejadas. Muchas ciudades no están conectadas a las cloacas o no tienen acceso a cierto tipo de servicios. El acceso a la educación, según la zona del conurbano, no es tan obvio, especialmente en el triángulo Lomas de Zamora, Almirante Brown, Quilmes. Hay una zona con muchísimas dificultades para acceder a los colegios y, cuando se accede, se convive con mucho hacinamiento. Siempre trato de contextualizar los trabajos y dar cuenta de que vivir en una villa no es una cultura abstracta, sino que son prácticas reales que se articulan a la realidad local en la que vive la gente.

–¿Cómo es la relación con el sistema político?

–Cada municipio tiene sus prácticas y su manera de trabajar ciertos aspectos, como el desarrollo social. Trabajé en Francia entre 2001 y 2002. Las particularidades del conurbano son muy fuertes. Nosotros tenemos el equivalente a un conurbano, yo trabajé allí. Quizá por la estructura política, la política administrativa, hay mayor equiparación en las situaciones. El proceso de autonomización también ha empezado a marcar territorialmente ciertas prácticas políticas, pero es mucho menos preponderante que acá. El municipio, en Buenos Aires, es un territorio que se negocia y que tiene sus particularidades. Entonces, si uno tiene que trabajar sobre la política social en el conurbano tiene que ver muy bien qué pasa en Quilmes, Florencio Varela, Almirante Brown.

–¿Notó diferencias a partir de la crisis del 2001-2002?

–Sí y no. Muchas prácticas siguieron en pie. Hay una tendencia a hablar mucho del clientelismo, pero no es tan sólo el clientelismo. Hay una manera de trabajar en el municipio que la misma gente conoce. Diría que hay rasgos que quedaron bastante iguales y, en general, en términos de desarrollo social, no hubo cambios notables.

–¿A qué se refiere?

–Sigue siendo un modelo que se inició a finales de los '80, el modelo de política focalizada, que ni siquiera es propio de la Argentina. Se fue implementando en casi toda América latina y eso da una impronta muy particular a todo tipo de intervención social. Deja surgir muchísimo los hábitos de las políticas locales y los conflictos entre los tres niveles administrativos. Si hay un buen acuerdo entre nación, provincia y municipio, las cosas tienden a andar mejor. Si hay conflictos, van más o menos. A su vez, hay tradiciones políticas locales y todo un aparato local que hace que –incluso– una buena voluntad política a nivel nacional o provincial no funcione tan bien a nivel local. Eso quedó. No se trata de una cuestión del gobierno de turno, está relacionado a una cultura política muy instalada que no es fácil de revertir de un día para el otro.

–¿Cómo son las relaciones entre las personas al interior de los barrios populares?

–Es muy relativo a cada villa, aunque puede haber rasgos comunes. En general, los barrios –también por la estructura del sistema político–, han creado formas de representaciones barriales. Por un lado tiene que ver con lo político, por otro lado, con la fuerte cultura del fomentismo en la Argentina. Hay una cultura fuerte de que hay un representante del barrio en el barrio: el referente. El tema de las villas, especialmente las más grandes y más antiguas, es que son objeto de muchísimas disputas.

–¿De qué tipo?

–Las entidades representativas de las villas son muchas y van desde autoridades políticas, ONG, a distintos grupos religiosos. O sea que, en general, son espacios de disputas bastante importantes. Es muy interesante que cuando uno pide conocer a los referentes de la villa, en general, todos pretenden tener una legitimidad fuerte en relación con ese barrio y todos quieren su caudal de "clientes". Eso es muy propio de una cultura política local y de la manera en que la gente va transfiriendo ciertas autoridades. En los barrios de clase media esto no se ve tanto porque no sufren los mismos problemas y el individualismo se instaló muchísimo más. No es lo mismo en un barrio muy carenciado donde hay necesidades de intervenir sobre cuestiones clave para organizar la vida cotidiana.

–¿Cuál fue la hipótesis inicial que impulsó su trabajo?

–En los años '90 había una idea instalada de fragmentación urbana, de que había cada vez más barrios aislados y la ciudad estaba cada vez más inorgánica. Cuando llegué pensaba ver esa situación de encerramiento, de aislamiento de los barrios populares, especialmente las villas, porque no todo barrio popular es idéntico.

–¿Qué los diferencia?

–La villa tiene una característica particular por el imaginario estigmatizante que la caracteriza. Ese estigma era lo único que la caracterizaba, porque muchísimos barrios obreros vivían situaciones de carencia en términos de servicios, delito y pobreza. La mayor parte de las villas en la Argentina tiene una relación muy organizada con el país y la vida social. Se trabaja muy poco en las villas. La gente tiene que salir sí o sí a trabajar. La mayor parte de la población participaba de un imaginario común en términos de educación, trabajo, acceso a la salud, incluyendo la población migrante. Muy rápidamente fui dejando esa idea de fragmentación, que es una representación muy simple y conveniente de algo más complejo.

–¿En qué sentido es conveniente?

–Es más fácil englobar a un barrio y contarlo como una cosa exótica que vive aparte. La idea de un gueto que vive aislado, tiene su propia cultura. En la Argentina no hay realmente guetos. Incluso las villas siguen teniendo una relación muy fluida con los barrios de alrededor, aunque sí hubo una transformación muy grande y un miedo social que contribuyó muy fuertemente a aislarlas. No hay una relación totalmente simétrica entre lo que la gente en la villa vive, hace y piensa, y lo que pasa afuera, porque la gente de la villa vive afuera mayormente, sale a la calle como todo el mundo a trabajar, va a colegios públicos más cercanos a sus casas, va al hospital público donde va quien no tiene obra social. Hay situaciones muy variadas en esos barrios. Todo aumenta el sentimiento de marginalidad más que de exclusión, porque tienen el sentimiento de participar en la vida económica pero son marginados desde un punto de vista de las representaciones.

–¿Qué rasgos encontró en la lógica de endeudamiento de las clases más bajas?

–Los sectores populares consumen como se tendía a consumir antes del gran auge del consumo en la Argentina. Es decir, consumen poco en supermercados, y si lo hacen, es porque consiguen un empleo que les da tickets de supermercados o vales o bonos públicos. Pero la mayor parte consume en almacenes del barrio. Y la razón es el fiado, que no era excluyente de los sectores pobres, sino también de la clase media, pero que, por el acceso a las tarjetas de crédito, fue abandonando para dejar casi todo ese espacio a los sectores populares.

–¿Y a qué destinan ese fiado?

–Los pobres tienden a fiar para el acceso a alimentos. Esto es un aspecto muy importante en términos de economía doméstica y de construcción de lazos sociales en los barrios. En los '90 fue muy fuerte porque el uno a uno permitió una masa de endeudamiento en los barrios pobres enorme, porque había una estabilidad financiera importante. Y articulaban –y siguen articulando– ese fiado a los recursos públicos, entre ellos, el Plan Trabajar, Jefes y Jefas, trabajo municipal, porque por más que sean mal pagos son suficientes para dar parte del sueldo en fiado en garantía al almacén. Eso estructuraba mucho la vida social y era un elemento muy importante de construcción de la solidaridad en las villas. Una parte importante de ese fiado también estaba articulada al sistema político.

–¿De qué manera?

–La mayor parte de los grandes almacenes de villas está asociada al sistema político, o son ellos mismos punteros o, por lo menos, tienen muy buenas relaciones con los punteros para hacer circular los planes en los barrios.

–¿Qué sucede en barrios similares de otros países latinoamericanos?

–La Argentina tiene una característica que le es muy propia y que tiene que ver con una intervención muy fuerte del Estado. Una intervención real, pero muy relacionada al imaginario que tiene la gente del rol del Estado. En muchos países de América latina no hubo Estado social tan desarrollado como acá, ni tan integrador. Eso hizo que se debiera contar muchísimo más con recursos propios, como las redes de amigos sobre las cuales se intentaba construir formas de lazos parentales ficticios. Eso obligaba a una red social fuerte, hecho que en la Argentina era mucho más relativo porque hubo una intervención pública que permitió dar ciertas garantías sociales y construir el lazo social. En el imaginario popular argentino la villa era sólo un lugar de paso. No era necesario construir grandes redes porque no estaba previsto instalarse mucho tiempo. Hasta los '70 eso se pudo verificar. Cuando empecé a trabajar me quedé muy sorprendida de ver que en villas ya antiguas, como la villa Jardín de Lanús, la villa Itatí de Quilmes, o la del Monte, no había muchas generaciones que cohabitaran en el mismo barrio.

–¿Y después de esa época?

–Esto desapareció en los años '70, más precisamente en el '76, con la ley de liberalización del mercado de la tierra en todo el país, que permitió la construcción de countries de manera masiva. A partir de ahí obviamente la especulación sobre la tierra hizo que el acceso a la tierra para los sectores bajos y más bajos pasara a ser muy difícil. Y, además, la gran inseguridad financiera, la gran inflación y la pérdida progresiva del empleo. Contrariamente, en otros países de América latina uno ve un proceso de consolidación y mejoría progresiva de los barrios. Hasta los '70 o principios de los '80, los barrios de villas tenían una instalación relativamente precaria. Tampoco había fuertes reclamos para obtener mejorías. Recién en los '80 empezó a haber una necesidad de mejorar el barrio porque había pocas posibilidades de salir. Los '90 fueron el gran auge de la construcción y ampliación de las casas. Mucha gente se endeudó para comprar materiales y mejorar sus casas.

–Antes, las villas eran espacios de tránsito, ¿cómo es hoy?

–Por un lado, sigue la idea de que la villa es un espacio no deseado, pero hay una cierta resignación, ya que la villa es un lugar donde uno va a tener que vivir. Existe una renovación generacional muy importante, que es una de las causas del hacinamiento. También ha pasado a ser un espacio de especulación financiera. Los alquileres son altos por cuestiones relacionadas con la burocracia y, además, porque no se paga servicios ni garantía. Cada villa tiene su cotización.

–¿Existe alguna relación entre la "resignación" de que la villa dejó de ser un lugar de paso y la violencia cotidiana en estos lugares, o van por caminos diferentes?

–La relación viene dada por las grandes frustraciones. O sea, no se dice: "Este es mi barrio, voy a instalarme". Más bien veo una especie de resignación en el sentido de escuchar: "Bueno, no tengo otra, pero si me pudiesen ofrecer otra, muy probablemente la agarraría". Las parejas con hijos empiezan a sentir el peso de la estigmatización y de tener que vivir en un lugar bastante hacinado, violento. Los que detentan "la villa es un barrio fabuloso" son los que viven el barrio o los punteros políticos. El chico que tiene una radio no te va a decir que es un barrio muy jodido, va a decir: "Bueno, somos todos hermanos".

–¿Cómo se manifiesta la violencia allí?

–Los sectores populares tienen una forma de relación con la violencia que es muy particular. Hay formas de violencia que no son nuevas. La violencia doméstica es algo muy común en los sectores populares, también en la clase media, pero ahí está agudizado por la falta de dinero. Es algo que está bastante instalado, culturalmente diría. En la práctica popular hay una cuota de violencia importante. Hay una especie de idea de que la villa es violenta por la droga y por los nuevos delitos. En parte es verdad, pero también hay un alto grado de conflictividad y muchos hechos de violencia surgen más bien de la conflictividad de cohabitación entre vecinos que de hechos de delitos. Esa conflictividad surge porque las villas se construyeron en general de manera anárquica, sin planes de construcción. Esto es muy distinto de lo que ocurre en otros barrios en países de América latina.

–¿Por qué es distinto?

–Porque hay organizaciones colectivas, fenómenos de migración colectiva, loteos con acuerdos colectivos e intentos de controlar la situación. Acá, las villas fueron creciendo paulatinamente y siguen así, es una pauta cultural de autoconstrucción que es muy fuerte y muy difícil de regular, especialmente en las villas más antiguas. Por eso los asentamientos representan algo diferente, porque son una ocupación colectiva de tierras, hay un loteo, se ocupan tierras buenas para legalizarlas y, en general, hay una sociedad de fomento que inmediatamente se instala y pauta las reglas de construcción en el barrio. Eso cambia mucho en términos de sociabilidad. Parece tonto, pero el hecho de que haya reglas permite suavizar las relaciones entre vecinos.

–¿Hubo crecimiento poblacional dentro de las villas desde que usted vino a la Argentina, en 1997, hasta la actualidad?

–Es muy difícil tener datos fehacientes, cada uno maneja sus datos. Calculan cuatro millones de personas viviendo en las villas del conurbano. Creo que es mucho. Se dice que hay 80 mil personas en Itatí. No conozco muy bien Itatí pero veo muy difícil que tanta gente pueda vivir ahí porque no hay espacio y tampoco se construyeron torres. Además, en 1997 ya estaban bastante hacinados. Entonces, si bien aumentó, también se fue gente. Es muy difícil de calcular porque hay una cuota de migración medianamente golondrina que va y viene. Calculo que debe haber un millón, millón y medio de personas que viven en las villas pero es muy difícil conocer la cifra.

–En relación con la cultura política de las villas, muchos de quienes pasaron por el velatorio del ex presidente Néstor Kirchner provienen de estos sectores que describe. ¿Cuál es su opinión?

–Creo que para los sectores populares había una especie de esperanza en relación con este gobierno. Hoy la integración de esos sectores sociales es a través de planes sociales. Mucha gente sintió el fallecimiento de Kirchner como una incertidumbre, que es propia a esta situación, y que uno nunca sabe bien cuánto va a durar, por más que haya cierta situación de estabilidad. En la Argentina, las cosas van y vienen, entonces cualquier político que realmente tiene una impronta social es importante para esta gente. Como a su manera lo fue Menem. No hay que olvidarse que quienes mayormente votaron a Menem, llevándolo al ballottage con Kirchner, fueron los sectores populares. Y lo votaron fundamentalmente por el 1 a 1, que les dio la posibilidad de endeudarse con tranquilidad. Eso parece zonzo, pero es importante.

–También generó en estos sectores una desocupación importante...

–Sí, pero no lo ven así. No hay un entendimiento concreto de los mecanismos macro. Para los sectores más bajos no fue él quien generó la desocupación, porque las fábricas no eran de Menem y fueron cerrando antes para muchos. No hay una asociación mecánica, y en estos momentos también hay una necesidad de vivir, y si vivir es vivir con un plan porque no hay trabajo y no hay forma de conseguirlo, entonces... bueno, es así como se va a vivir.

–¿Esas personas no ven diferencia entre Kirchner y Menem?

–No muchas. Justamente, el año pasado hice una encuesta en el conurbano, en uno de los barrios de Solano –la Villa Eucaliptos–, en el marco de un proyecto con Unicef, y no se vieron diferencias profundas. Sí reconocen el trabajo social de Alicia Kirchner. En general, estos barrios no fueron mayormente los beneficiados por la recuperación económica, el desempleo continuó. La extensión del mercado de trabajo no se hizo a favor de esos barrios, o se hizo muy marginalmente. Lo que sí cambió es la extensión de ciertos tipos de planes, porque en la época de Menem no había tantos, sobre todo en dinero. La extensión de planes en dinero fue importante porque permitió endeudarse en el almacén, conseguir formas de rentabilizar ese plan. Con respecto al trabajo, se quejan de lo mismo: no hay trabajo. Muchas obras de infraestructura que se prometieron siguen en promesa, están los carteles pero no se hicieron, entonces la gente dice: "Seguimos igual que hace veinte años".

–Mencionó que el estudio de la fragmentación social fue lo que impulsó su trabajo pero que luego entendió que el asunto era más complejo. ¿Por qué lo dice?

–Hablar de las villas como si fuesen un mundo aparte es no entender cómo funciona la ciudad directamente. Somos ciudades que excluyen mucho porque somos una sociedad salarial que fundó toda su integración social a través del salario. Entonces, el problema no es la villa sino la manera en cómo se organiza y estructura la ciudad políticamente, cómo se organizan las instituciones y cómo se toman las decisiones y se emiten prioridades en relación con la integración de la población. La misma lógica se da en Francia. Ver el barrio como el producto de su propio problema es limitarse a no entender justamente cómo es que la ciudad funciona así, qué es lo que hace que no podamos sacar las villas, por qué hay una seducción tan fuerte de los sectores populares para migrar hacia estas zonas del país, hacinarse y aceptar condiciones de vida muy difíciles. Son lógicas que van mucho más allá del barrio, el barrio es simplemente una consecuencia. Ver solamente esa fragmentación geográfica es no entender cómo vive realmente esa gente, en qué condiciones y cómo construyen sus vidas, porque esa gente construye sus vidas también. Creo que hablar de fragmentación, de marginalidad y de gueto limita mucho el pensar cómo se vive en los barrios y por qué se vive allí.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-157717-2010-11-29.html

Publicación: Practical Aspects of Border Carbon Adjustment Measures

From: Giacomo Pascolini <gpascolini@ictsd.ch>

An increasing number of emission trading schemes are in place. Discussions about border carbon adjustments (BCAs) so far focus mainly on the legality of such measures and on their effectiveness in dealing with the concerns they respond to. In contrast, little attention has been devoted to assessing the administrative burden and practical challenges related to these measures.
A recent ICTSD Issue paper, "Practical Aspects of Border Carbon Adjustment Measures - Using a Trade Facilitation Perspective to Assess trade Costs" makes an important contribution towards filling this research gap. It is a pioneer in attempting to shed light, in a systematic manner, on the implementation and execution costs related to BCAs for the public as well as the private sector in the importing and the exporting country. In doing so, it clearly outlines the practical consequences of different approaches to the design of BCAs. The paper takes a trade facilitation perspective, a concept which stresses the importance of minimizing administrative hurdles and costs that can become non-tariff barriers.
The paper shows that a trade-off exists between on the one hand the precision, which is closely related to the effectiveness, and, on the other hand, the costs related to border carbon adjustments. By analyzing these costs, the paper provides crucial input into discussions on the question of which design is related to optimizing the outcome related to the trade-off between the two goals of maximizing precision and effectiveness, and minimizing costs. At the same time, a fundamental question remains whether the resulting effectiveness is worth the related costs.
The author of this paper is Sofia Persson, who works as a trade policy analyst at the Swedish National Board of Trade, where she focuses on her main area of expertise, trade facilitation.

Giacomo Pascolini
Publication and Dissemination Assistant - ICTSD
7 Chemin de Balexert
1219 Chatelaine
tel: general +41 22 917 84 92; direct +41 22 917 81 62; fax: +41 22 917 80 93
skype: giacomo.pascolini

domingo, 28 de noviembre de 2010

Indicadores Urbanos y Ciudad (Parte 2)

Estimados amigos y colegas,

Ya pasó un mes desde la primera parte de esta serie sobre indicadores urbanos, por lo que me tocó escribir y publicar el segundo articulo en La Ciudad Viva: Indicadores Urbanos y Ciudad (Parte 2) 

Tanto como en el anterior, he contado también, con la colaboración de algunos de ustedes, esta vez fueron: Ricardo Murphy que me compartió el documental "La historia de las cosas" de Annie Leonard, Nene Calluso, que con toda paciencia, me envió los mil archivos de Salvador Rueda y Martha Vera que lo leyó y revisó detenidamente en un impasse del Foro Metropolitano (ahora lo llaman break...), a mis profesores y compañeros del LILP en el curso de Financiamiento de Ciudades, que si bien no era el tema específicos, la bibliografía recomendada y los comentarios en los foros, tenia mucho que ver. Bueno y tantas otras personas y familia que no recuerdo o  huelga decirlo.

Mucho me han pedido que se los compartiera, se que no es un tema tal vez muy interesante para todos y para los que les interese la serie, aquí pueden encontrar la primera parte: http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=7336

Y por supuesto mis saludos a La Ciudad Viva, que me permite explayarme libremente y con toda comodidad en su magnifico sitio, que comparto con mucho gusto y honor con tantos lúcidos pensadores y buenos escritores. Realmente les recomiendo el sitio y sus artículos.

Para dentro de un mes tengo que entregar la ultima parte, que trata sobre los métodos de construcción de indicadores sintéticos.

Saludos a todos.

Graciela

Indicadores Urbanos y Ciudad (Parte 2)
por Graciela Mariani (Argentina) — Viernes, 26 de Noviembre de 2010

Goiania, Brasil por Cauan Kaizen en skycrapercity.com
Producidos de manera autoconstruida en los espacios “sobrantes” de la ciudad reglamentada – o sea, áreas vedadas para el establecimiento de los mercados formales (como ser: bordes de arroyos, laderas de morros, áreas rurales o de preservación), los asentamientos precarios serán, entonces, objeto de la gestión cotidiana.
Estatuto da Cidade (Lei 10.257/2001)
Introducción
En la primera parte de esta serie, ahondamos sobre los conceptos de los Indicadores en general, para que sirven, sus cualidades, beneficios y definiciones. Hablamos específicamente de los Indicadores Urbanos y los organismos que definen y monitorean en la actualidad, que es el tema que nos compete. Fuimos viendo desde que es un Indicador Urbano, su definición, como los subdivide la Agenda Hábitat y las categorizaciones existentes de los mismos. Pero nos abocamos especialmente a los tipos de Indicadores Urbanos Simples y sus aplicaciones concretas. Ahora en esta segunda parte vamos a ocuparnos de los Indicadores Urbanos Compuestos o Sintéticos y una vez mas, volvemos a preguntarnos que son, para que sirven y que significan. Dado que:
Si ya teníamos una cantidad enorme de indices y datos que mediamos de la realidad, ¿por que necesitamos diseñar especialmente nuevos parámetros para medirla?
Si nos manejábamos en un mundo predecible, ¿que paso en los últimos 30 años para que esto cambiara?
Annie Leonard experta en materia de comercio internacional, cooperación internacional, desarrollo sostenible y salud ambiental estadounidense, lo describe en este documental que llamo: La historia de las cosas (The Story of Stuff).
En esta publicación realizada en el 2007, explica claramente cual es la sociedad en la que vivimos y plantea la posibilidad de cambiarla, es decir tiene un final abierto y los finales abiertos son esperanzadores, porque crean la expectativa de poder cambiar la realidad en un futuro.
El actual modelo de desarrollo, basado casi exclusivamente en el consumo de recursos, se muestra claramente insostenible. Es necesario ir hacía otro modelo que a la vez que da respuesta a las disfunciones que las ciudades presentan, aborde los retos de la sociedad actual: los relacionados con la sostenibilidad y la entrada en la sociedad de la información y el conocimiento.(dice Salvador Rueda en su “Modelo Conceptual”, el es Director de laAgencia de Ecología Urbana de Barcelona )
Esta preocupación por nuestros recursos naturales y el medio ambiente y sus terribles consecuencias sobre los seres humanos, como ya sabemos, no fue exclusiva de unos pocos, por el solo hecho de que tal como lo dice el documental de Annie Leonard, las consecuencias del “capitalismo salvaje” eran mas que evidentes. Mucha gente, entre ellos gobernantes y Jefes de Estado, se ha estado planteado los mismos interrogantes, que quedaron plasmados en un primer momento en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo(Naciones Unidas, 1992).
En su Principio 10 esta Declaración dice que:
El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente de que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los Estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes”.

viernes, 26 de noviembre de 2010

¿Que son las Tecnópolis?

¿Que son las Tecnópolis?
Avenida de Europa de la Expo 92

Era de la información. Alta Tecnología. Ciudades científicas. Parques tecnológicos. Nuevos espacios industriales


Del glosario del proyecto Atributos Urbanos (Carlos García y Plácido González, 2006):

Manuel Castells y Peter Hall utilizan el término Tecnópolis para describir una zona empresarial donde se concentran industrias de alta tecnología estrechamente vinculadas con centros de investigación y desarrollo (I+D). Se trata de industrias modélicas, avanzadas, limpias, pequeñas y en las que trabaja un personal altamente especializado. Normalmente, estos asentamientos son coplanificados y cofinanciados por el estado y la iniciativa privada. Las Tecnópolis no recuerdan en nada a los enormes y contaminantes complejos fabriles de la ciudad moderna. Estas ciudades industriales del siglo XXI son impecables centros de producción e investigación que están dotadas de todo tipo de servicios, primando en ellos una alta calidad ambiental.

La razón de ser de las Tecnópolis es el aprovechamiento de las sinergias que genera la cercanía física de empresas de alta tecnología, y el contacto de éstas (en su mayor parte orientadas hacia el mundo del conocimiento) con centros universitarios y de investigación de primer nivel. Es por ello que se entiende que en la génesis de una Tecnópolis han de existir tres partners: los empresarios, el gobierno (que normalmente actúa como promotor) y el mundo académico (cuya función es la formación de los profesionales altamente cualificados que reclaman estas compañías).

Está demostrado que la cercanía geográfica acrecienta los rendimientos productivos de este tipo de empresas, entre otras cosas porque genera una cultura de valores comunes entre empresarios, políticos locales y ciudadanos. De hecho, en las ciudades donde existen, las Tecnópolis suelen percibirse como un objetivo común y prioritario. Su creación supone uno de los mayores esfuerzos que suelen hacer las ciudades contemporáneas para promocionarse internacionalmente y atraer inversiones, ya que su éxito puede suponer un importante salto en competitividad global para toda la región urbana.

Las Tecnópolis exigen una alta calidad urbanística, tanto por la necesidad de contar con un espacio urbano atractivo, como por la necesidad de la dotarse de servicios (restaurantes, auditorios, hoteles…) y, muy especialmente, de infraestructuras de telecomunicaciones de primer nivel.

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Bibliografía

J.G. BALLARD, 2001, Super-Cannes, Flamingo, Londres

Manuel CASTÉLLS, Peter HALL, 1994, Tecnópolis del mundo: la formación de los complejos industriales del siglo XXI. Madrid: Alianza Editorial

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Enlaces

>> Atributos Urbanos, tecnópolis

>> Cartuja 93, Sevilla

>> Parque Tecnológico de Andalucía, Málaga

>> Silicon Valley en wikipedia.es


jueves, 25 de noviembre de 2010

Articulo: Desafíos para implementar la "participación en plusvalías" en Colombia

Desafíos para implementar la "participación en plusvalías" en Colombia
de Carolina Barco de Botero y Martim Smolka
Marzo 2000

Una versión más actualizada de este artículo está disponible como parte del capítulo 4 del libro Perspectivas urbanas; Temas críticos en políticas de suelo de América Latina.

Los instrumentos de captura de plusvalía, aunque difíciles de aplicar, son ampliamente reconocidos como mecanismos beneficiosos de planificación fiscal. En América Latina, Colombia se ha destacado por su larga y particular tradición de institucionalización de la captura de plusvalías mediante la contribución de valorización (una especie de tasación especial) y la contribución de desarrollo municipal (Ley 9 de 1989), la cual antecedió al actual instrumento de participación en plusvalías. 

Desde 1921, año de introducción de la primera de estas leyes, Colombia ha desarrollado una cultura fiscal en la cual los ciudadanos están conscientes de los instrumentos de captura de plusvalía, y los aceptan como un mecanismo legítimo de recaudación de ingresos. Como ejemplo, en 1968 (en su época de mayor uso), la contribución de valorización representó el 16 por ciento de los ingresos municipales en Bogotá y aproximadamente el 45 por ciento en Medellín; a principio de la década de 1980 recaudó un 30 por ciento de los ingresos totales en Cali. No obstante, debido a que el suelo aún desempeña un papel importante como defensa contra la inflación en países como Colombia -donde los mercados de capital no están muy desarrollados-la puesta en práctica de tales instrumentos sigue enfrentando una fuerte resistencia política por parte de muchos y variados grupos de interés, desde propietarios y promotores poderosos hasta familias de bajos y medianos recursos para quienes la tierra es una importante fuente de ahorros. 

Sobre la base de esta experiencia, la Ley 388 de 1997 que creó la participación en plusvalías decreta que todas las municipalidades deben diseñar y aprobar un plan maestro de diez años (el Plan de Ordenamiento Territorial o "POT") y adoptar la plusvalía como una de las fuentes principales de ingresos del plan. Las entradas recaudadas por las plusvalías deberán utilizarse principalmente para la provisión de infraestructura y viviendas sociales a vecindades pobremente dotadas de servicios públicos, así como también para obras públicas de interés general. La ley establece tres condiciones administrativas para poder aplicar las plusvalías como parte del POT, a saber:
  1. cambio de categoría de la tierra, especialmente cuando la tierra rural con bajo potencial de desarrollo es incluida dentro de los límites de crecimiento del plan maestro (y por consiguiente se designa como tierra para expansión urbana o como tierra suburbana);
  2. autorización de derechos adicionales de desarrollo en un sector determinado; o
  3. conversión del uso de un sector, especialmente de uso residencial a uso comercial.
La participación en plusvalías se basa en el derecho público y legítimo de participar en la captación de los aumentos del valor de la tierra generados por acciones administrativas tales como cambios en zonificación o densidad, que pueden generar ganancias sustanciales para el propietario de la tierra.Es importante notar que este instrumento no es un impuesto ni tampoco una contribución o tarifa, sino más bien un derecho de la comunidad a "participar" en los beneficios resultantes de las funciones gubernamentales orientadas a mejorar el desarrollo urbano. La Ley 388 y sus decretos acompañantes definen los parámetros generales para utilizar las plusvalías, pero se requiere que las municipalidades determinen sus procedimientos específicos. Sin embargo, a muchos alcaldes y funcionarios públicos les preocupan las ambigüedades de la ley, y les está costando el proceso de su aplicación, así como la del instrumento de plusvalías. 

Con el objeto de abrir un espacio de debate sobre este problema entre funcionarios públicos y otros expertos, el Instituto Lincoln y el Departamento de Planeación de Bogotá organizaron un seminario en diciembre de 1999, antes de la fecha límite de aprobación del plan maestro legal (POT) (31 de diciembre). El seminario reunió a representantes de entidades y participantes activos en el proceso de ejecución, entre ellos directores de planificación de ciudades importantes, representantes de ministerios y organismos públicos nacionales, representantes de instituciones encargadas del avalúo inmobiliario, abogados y especialistas participantes en el diseño del instrumento. Un resultado inmediato del seminario fue la formación de un grupo de presión que logró cambiar la fecha límite al 30 de junio de 2000, alargando así el tiempo disponible para revisar las estipulaciones problemáticas del POT. 

Aspectos claves de la implementación de la ley 

Aplicación de plusvalías a diferentes situaciones. 
La mayoría de los representantes municipales que asistieron al seminario coincidieron en que las plusvalías deben ser utilizadas únicamente en situaciones que redunden en ganancias claras y sustanciales, a fin de procurar una mayor aprobación por parte de los ciudadanos y de simplificar el proceso administrativo durante la primera fase de la ejecución. El consenso general es que los propietarios han aceptado la contribución de valorización y han estado dispuestos a pagar porque han entendido claramente que el aumento en el valor del suelo se debe a la inversión pública. En Bogotá, por ejemplo, la contribución de valorización ha sido una de las principales fuentes de financiamiento para la construcción de calles nuevas desde 1969. 

En comparación, las plusvalías se aplican únicamente en situaciones en que el aumento en el valor de la tierra puede atribuirse específicamente a una decisión sobre el uso de tierra pública definida en el POT, tal como un cambio en la categoría de la tierra, su densidad o su uso. Una situación para la cual se evidencia el cambio en el precio de la tierra, es la extensión del perímetro urbano a fin de incluir suelo rural que podría desarrollarse en años subsiguientes. La mayoría de los representantes de municipalidades opinaron que este escenario es el más obvio para la aplicación de la ley, y que debe constituir el enfoque del instrumento durante su etapa inicial. 

Exactitud de los avalúos del suelo.
La Ley 388 sugiere establecer la fecha de julio de 1997 (fecha de aprobación de la ley en el Congreso), como base de referencia para establecer las ganancias en el precio de la tierra. Sin embargo, aún no está claro cuándo ni por qué método los municipios podrán determinar el precio de la tierra en los años sucesivos. El problema es que el valor base inicial podría ya haberse alterado por los "rumores" que hayan corrido acerca de las designaciones de suelo en los planes maestros. En vista de ello se plantean varias interrogantes, por ejemplo: , ¿debería calcularse el valor antes de la circulación de rumores sobre los cambios urbanísticos, o justo antes de tomarse la decisión formal? ¿Cómo deberían las ciudades tratar los incrementos en el valor del suelo atribuidos a acciones ejecutadas entre esa fecha base y la aprobación del POT? ¿Cuánto tiempo dura la validez del avalúo? ¿Qué pasa después de cierto tiempo (por ejemplo, 15 ó 20 años)? 

Estas preguntas adquieren aún más relevancia si consideramos que las normas del uso de la tierra establecidas recientemente en algunas ciudades ya han sido capitalizadas en precios de la tierra, y por ende han reducido sustancialmente los márgenes actuales para la aplicación de la participación en plusvalías. 

Además, existen diferentes implicancias legales acerca de los valores relacionados que deben considerarse, es decir, el "uso real" versus el "mayor y mejor uso". ¿En qué debe basarse el aumento del valor del suelo?: ¿en el uso potencial? ¿en el real? Y en lo que se refiere a la fórmula definida legalmente para hacer los avalúos, ¿debería aplicarse dicha fórmula al área potencialmente desarrollable, incluso si el constructor no está solicitando una autorización para desarrollar el sitio hasta su máxima densidad admisible? ¿Qué pasa si una propiedad avaluada en cierta fecha no se termina de construir? Aunque la ley define el concepto de zonas con características geoeconómicas similares, no está claro si el terrateniente puede solicitar legalmente que el avalúo se haga sobre la base de "propiedad a propiedad" o sobre la base de "zonas homogéneas". 

Otra fuente de preocupación la constituyen las estrictas fechas límites establecidas por la ley para calcular los precios comerciales antes del plan maestro y los nuevos precios de referencia después de la adopción del plan. Por ejemplo, la ley otorga a la alcaldía apenas cinco días después de la aprobación del nuevo POT para determinar los nuevos precios en las áreas afectadas, e impone además realizar todos los cálculos en el transcurso de los próximos 60 días. No está clara la estructura legal de adopción de procedimientos de costo simplificados que permitan efectuar los avalúos en áreas homogéneas de la ciudad, y no en lotes individuales. 

Definición de categorías de suelo.
Las diferencias de las categorías de suelos para las leyes 9 de 1989 y 388 de 1997 conducen a interrogantes sobre su aplicabilidad. La Ley 9 incluyó una categoría de suelo suburbano que podía ser desarrollado en densidades moderadas en la periferia de las ciudades. Por ejemplo, toda la tierra desarrollable hacia el norte de Bogotá cae ahora en esa categoría suburbana, la cual permite densidades residenciales de 160 habitantes por hectárea. La zonificación propuesta por el nuevo plan maestro permite un aumento para llegar a densidades de entre 180 y 220 habitantes por hectárea. La Ley 388 establece la posibilidad de gravar la conversión del uso rural a urbano, pero no contempla la categoría suburbana, aun cuando el suelo suburbano ya posee poderosos derechos de desarrollo. Debido a estas dificultades, y para evitar problemas adicionales de implementación, muchas ciudades prefieren tratar el suelo "suburbano" como "urbano". 

Exenciones y casos especiales.
Aunque las viviendas para la población de bajos ingresos están exentas de las plusvalías, la ley impone de todas maneras calcular los aumentos en el valor del suelo. Esto constituiría un costo adicional innecesario, considerando que el 80 por ciento de todas las viviendas a construirse en Bogotá durante los próximos diez años estarán destinadas a la población de bajos recursos. ¿Qué efecto tiene este cálculo sobre la imparcialidad de este instrumento para el 20 por ciento restante de las viviendas? ¿Qué tan eficaz es la plusvalía como un instrumento de planificación que busca disminuir la especulación en la tierra designada para viviendas populares? 

Otro asunto se refiere a la designación de zonas de conservación o áreas designadas para protección ambiental mediante la transferencia de derechos de desarrollo. Las protestas de agentes privados sobre las apropiaciones hechas en contra de sus derechos de propiedad plantean importantes interrogantes de compensación. Además, para el caso de áreas ya designadas para desarrollos de alta densidad pero que aún no están totalmente desarrolladas, hay también preguntas sobre las "expectativas" de los valores del suelo. 

Obstáculos políticos y operativos.
Una fuente continua de confusión y malentendidos se refiere a la eficacia del cálculo del incremento en el valor del suelo. ¿Puede o debe implementarse este cálculo en los casos en que, debido a una recesión económica generalizada, los valores del suelo estén supuestamente en declive? Si el propietario pierde dinero al vender la tierra, o si no está desarrollando sus propiedades en absoluto, entonces sencillamente no habrá plusvalías disponibles para la administración local. Teóricamente bastaría con hacer una distinción entre los efectos generadores (acciones administrativas) y las tendencias en los mercados de tierras. Sin embargo, tal como está sucediendo actualmente en Colombia, en la práctica es fácil entender que los instrumentos de captura de plusvalías son más poderosos y políticamente aceptables durante los períodos de ascenso de los ciclos de precios del suelo que durante los períodos de descenso. 

Las connotaciones políticas del tema se ponen de relieve si se consideran las sustanciales carteras de tierra normalmente apartadas por los promotores para fines de planificación estratégica e incluso de especulación. En efecto, muy a menudo los planificadores urbanos se ven obligados a ser más flexibles (si no magnánimos) y a aflojar los reglamentos urbanísticos a fin de motivar a los promotores durante las épocas de recesión. Claro está que esta presión por parte de los promotores podría sencillamente ser un intento de recuperar pérdidas incurridas por las decisiones equivocadas sobre inversiones en el pasado. 

Algunas veces los promotores se quejan de que la municipalidad está fijando una tarifa de plusvalía demasiado alta en tiempos de economía deficiente, cuando la recesión puede desalentar las inversiones futuras en mejoras de construcción. Sin embargo, la experiencia habida con la contribución de valorización ofrece un contraargumento, sugeriendo que si la cantidad de plusvalías generadas por el cambio en el uso de la tierra se consideran sobrevaluadas, significa que el cambio carece de una buena razón costo/eficacia y por tanto no debería proponerse. Otra posibilidad es que quizás se cometió un error en los estudios o cálculos de viabilidad. 

Por encima de estas dificultades prácticas, la ley impone ciertos requisitos de aplicación que afectan su operación, tales como la necesidad de notificar directamente al propietario que su propiedad está sujeta a obligaciones por plusvalías. ¿Debería esta responsabilidad correr por cuenta de la administración pública o del propietario? Existen también dificultades legales respecto a cuándo se deben cobrar las plusvalías al propietario (¿durante la liquidación de las propiedades? ¿cuando el propietario solicite la licencia de conversión del uso del suelo?). De la misma manera, si un área que se va a densificar (o sufrir cualquier cambio de zonificación) recibió una infraestructura adicional por la cual se le impuso la contribución de valorización, el propietario estaría sujeto a una doble tributación, algo que sin duda constituiría una fuente de malestar. Tal como lo establece la nueva ley, la contribución de valorización es independiente de las plusvalías, lo cual es importante debido a la opción existente de calcular y cobrar las 'plusvalías por las obras públicas designadas por el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). 

Ajustes propuestos por funcionarios municipales 
Los funcionarios públicos presentes en el seminario realizado de diciembre en Bogotá sugirieron unas cuantas maneras de simplificar la ejecución de la Ley 388, las cuales sacrifican la precisión en el cálculo de las plusvalías a cambio de conveniencia, transparencia y cumplimiento. Esta perspectiva se basa en que la voluntad política puede ser más importante que la "exactitud" técnica, al menos en las etapas tempranas y de transición de la puesta en marcha, a fin de mejorar las posibilidades de éxito a largo plazo. Un ejemplo útil y descriptivo fue el citado por los funcionarios de la ciudad de Cartagena (500 000 habitantes), la cual desde 1992 ha estado aplicando exitosamente la contribución de desarrollo municipal. Esta experiencia demuestra que los cambios de densidad de un nuevo lote deberían tener un efecto similar en la generación de las plusvalías, al de la tasa generada por el mismo tipo de cambio de densidad observada en un área distinta pero comparable de la ciudad. 

Los participantes también propusieron restringir la aplicación de las plusvalías a las áreas más estratégicas y dinámicas de la ciudad, donde el potencial de ganancias sea más evidente que en áreas con poco aumento en el valor del suelo. Además, la valoración de las plusvalías debe basarse en zonas homogéneas, y no en lotes individuales. Es necesario también que el instrumento de plusvalías pase por varias fases de desarrollo escalonado conforme las municipalidades ganan conocimiento y destrezas en técnicas de valorización y avalúos. Así, el período establecido de nueve años para la validación de los avalúos de los incrementos en el valor del suelo debería ser sujeto a revisiones peródicas más frecuentes. Igualmente, la emisión de algunas reglas prácticas de transición (ausentes en la formulación original de la ley) facilitarán la introducción de un nuevo sistema fiscal. 

Se hicieron otras sugerencias respecto a la adopción de planes maestros (POT). Las municipalidades deberían utilizar tales planes, en vez de algún otro mecanismo de valoración externo al POT, para identificar áreas en donde habrá un cambio en la utilización del suelo a fin de determinar si dicho cambio trae consigo un aumento en las plusvalías. Antes de adoptar el POT, las municipalidades deberán identificar tales áreas con el fin de poder tener a tiempo las técnicas de valoración y avalúos y para mitigar la sensación de incertidumbre. Algunos participantes incluso sugirieron utilizar el POT para definir el valor "anterior", y así poder determinar el incremento neto en el valor del suelo. 

En general, los participantes coincidieron en que tanto el concepto como la orientación del plan maestro y del instrumento de plusvalías son aceptables y deseables. Muchos de los problemas y asuntos discutidos en el seminario y en todo el país se refieren a la ejecución de cualquier esquema de captura de plusvalías, o simplemente de cualquier nueva legislación normativa o fiscal. En este caso el diseño de los procedimientos de ejecución puede mejorarse, dado que siempre será más fácil cambiar los aspectos operativos que la ley en sí. Sin embargo, y por encima de todas las dificultades formales remanentes, se ha demostrado claramente que la voluntad política, la experiencia técnica acumulada y el compromiso ético de los participantes son factores críticos para perfeccionar este instrumento de política del suelo y poner en práctica los principios muy encomiables que lo inspiran. 

Carolina Barco de Botero es la Directora de Planeamiento de la ciudad de Bogotá, Gerente Consultora de Ciudades, Ltda. en Bogotá y forma parte del Consejo Directivo del Instituto Lincoln.
Martim Smolka es Senior Fellow y Director del Programa para América Latina del Instituto Lincoln. Correos electrónicos: msmolka@lincolninst.edu.co planeacion.distrital@aldato.com.co  Fernanda Furtado, Fellow del Instituto Lincoln, también participó en la elaboración de este artículo. Recientemente terminó su tesis de Ph.D. (en portugués) sobre la captura de plusvalías en América Latina, en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, Brasil. En uno de los capítulos de su tesis se describe la situación de Colombia. Para más información, dirija su correspondencia a furtadof@gbl.com.br 

Argumentos en favor y en contra de la participación en plusvalías 

A favor
  • reduce la corrupción en tanto que expone los beneficios que en el pasado solían negociarse "debajo de la mesa";
  • reduce la especulación; 
  • genera ingresos públicos que son designados para fines redistributivos; 
  • reduce las distorsiones en la distribución de los incrementos en el valor del suelo urbano; 
  • contribuye a un mejor entendimiento de la cultura fiscal, mejorando así la recaudación de otros avalúos e impuestos.
En contra
  • introduce más burocracia en la ejecución de planes maestros y en el proceso de desarrollos de licencias del ambiente construido;
  • legaliza la apropiación privada de los incrementos en el valor del suelo, puesto que el propietario se queda con aproximadamente un 50 a 70 por ciento de las plusvalías;
  • genera altos costos administrativos relativos a las entradas que genera.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Indicadores de sostenibilidad urbana por José Fariña

Urbanismo, territorio, paisaje, sostenibilidad

La agrupación de Arquitectos Urbanistas del Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana ha organizando un curso llamado "El futuro del urbanismo" a cuya primera jornada fui invitado el pasado jueves. Mi ponencia se titulaba "Urbanismo sostenible, el estado de nuestros territorios" (algunos de cuyos temas trataré de comentarlos en el blog cuando pueda). En la segunda parte de la mañana le correspondió a Salvador Rueda hablar sobre el "Diseño de la Ciudad del Futuro". Salvador y yo solemos vernos con frecuencia en este tipo de actos y siempre me gusta asistir a sus conferencias para mantenerme al día de su actividad y esta vez también lo hice. Me hubiera gustado quedarme a la sesión de la tarde en la que estaba prevista una exposición de Josep Mª Llop-Torné sobre las ciudades intermedias y una mesa redonda acerca la forma de medir la sostenibilidad económica pero, por desgracia, tuve que volver a Madrid porque a la mañana siguiente me esperaba mi trabajo en la Escuela de Arquitectura.

Valencia, paseo de la Alameda
Imagen de Microsoft Virtual Earth


En este artículo querría tratar algunos temas que surgieron en la charla de Salvador Rueda y luego, en la comida que tuvimos posteriormente. Aunque pueda extrañar que un biólogo (y psicólogo) como él hable del "Diseño de la Ciudad del Futuro" cuando la palabra "diseño" aplicada a la ciudad parece más propia de un arquitecto, y que un arquitecto (y licenciado en derecho) como yo, lo haga con el estado de nuestros territorios cuando una parte muy importante de las cuestiones territoriales tienen que ver con el "medio natural" y, por tanto, aparentemente sean más propias de un biólogo, es sintomático de lo que está pasando en el campo del urbanismo y la ordenación del territorio. Afortunadamente parece que las barreras entre profesiones, competencias profesionales y campos del conocimiento, empiezan a caer porque sólo desde visiones holísticas y comprensivas se puede abordar un tema complejo como es el de la urbanización. No se si esta afortunada disposición de títulos de las ponencias y profesiones de los ponentes en la sesión de la mañana habrá sido buscada por Rafael Durá Jesús Quesada, organizadores del curso, o habrá sido el resultado de la casualidad (creo poco en las casualidades). En cualquier caso fue una demostración práctica de cómo empiezan a confluir miradas de procedencias aparentemente distintas sobre el mismo objeto.

Valencia, los insectos arquitectónicos
avanzan de forma incontenible
Imagen extraída de 
isidro.ciberglog


Aunque ya conocía el "Plan Especial de Indicadores de Sostenibilidad Ambiental de la Actividad Urbanística de Sevilla", el ver aplicados estos indicadores a un planeamiento real comparando dos alternativas distintas resultó bastante esclarecedor. Por desgracia no cuento con el material de este "ejercicio" (vamos a llamarlo así), por otra parte bastante duro (sobre todo para el equipo redactor del plan real), así que me centraré en algunos aspectos de los indicadores.


Este sistema de indicadores ha sido redactado por la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona que dirige Salvador Rueda y se trata de un documento de un altísimo interés porque permite cuantificar la sostenibilidad, por ejemplo, de un plan de urbanismo. Por fin nos encontramos ante números. Los números (y los conceptos que están detrás) podrán ahora criticarse, modificarse, añadirse, negarse o ampliarse. Pero ya tenemos un documento sobre el que discutir y sobre el que trabajar. Podéis bajaros las diferentes partes deldocumento en .pdf de aquí.

Imagen del trabajo comentado

El sistema de indicadores (de los que luego hablaré) se basa en conseguir una ciudad compacta, que garantice la diversidad, que reduzca al mínimo los impactos sobre los ciclos de materia y energía y que propicie la creación de entornos que permitan la cohesión social de sus habitantes. Así dicho suena casi a música celestial. La cuestión es cómo convertir esta música celestial en números. Para lo cual debemos de tener claro como formalizar estos números. Para hacerlo se establecen en el documento siete ámbitos distintos: morfología, espacio público y movilidad, complejidad urbana, metabolismo, biodiversidad, cohesión social y función guía de la sostenibilidad.

Morfología

Os aconsejo que leáis el trabajo y estudiéis cuidadosamente los indicadores. Ahora sólo comentaré algunos de los que considero de más interés, para que os ayuden a entender un poco el fondo y la forma de la propuesta global. Por ejemplo, para medir el ámbito de la morfología se recurre a tres: la densidad edificatoria y las compacidades absoluta y corregida.

Imagen del trabajo comentado

Voy a centrarme sobre la densidad edificatoria ya que se trata de una de las cuestiones más discutidas de la historia del urbanismo desde que Parker y Unwin propusieron las 12 viviendas por acre (30 viviendas por hectárea) para el tejido de la ciudad jardín. En el documento se mide sobre una malla de 100x100 metros, y el índice es el tópico de número de viviendas dividido por la superficie total. Pues bien, la propuesta es de una densidad mínima edificatoria de 45 viviendas por hectárea, y la recomendable de 60. Se supone que el equipo de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona ha estudiado una serie de tejidos compactos y ha llegado a estos números. De hecho, en la explicación de este indicador se incluyen algunos ejemplos de tejidos: de casco histórico, de edificación suburbana, de manzana cerrada y de edificación abierta.

Imagen del trabajo comentado

Comparando la propuesta con la de alguna legislación en la que se establecen máximos y mínimos de densidad, como el Reglamento de Urbanismo de Castilla y León, vemos que en esta norma del año 2004 se diferencia entre municipios mayores de 20.000 habitantes (con densidades máxima de 70 y mínima de 40 viviendas por hectárea) y menores (50 y 20 respectivamente). Este tipo de diferencias en función del tamaño del área urbanizado parecen pertinentes y probablemente si el indicador propuesto para Sevilla se utilizara para otro sitio distinto habría que adaptarlo convenientemente.

Espacio público y movilidad

En este apartado se proponen quince indicadores que van desde la prohibición de condominios cerrados hasta las reservas de espacios de estacionamiento para bicicletas. En este caso me voy a detener en uno de los indicadores que miden el confort térmico de los espacios exteriores porque llevo trabajando en este tema hace más de veinticinco años y me interesa bastante saber qué se mide. El indicador se llama "Potencial de habitabilidad térmica en espacios urbanos". Según el documento: "Sirve para identificar el porcentaje del tiempo de uso útil del espacio público en el que una persona se encuentra en condiciones críticas, tolerantes o de confort en términos de confort térmico en función de las características de los materiales, la configuración espacial y las condiciones del microclima". El valor de referencia es de más del 50% de las horas útiles, garantizando al menos una franja horaria de confort diario de tres horas consecutivas.

Imagen del trabajo comentado

Supongo que estos datos estarán adaptados al clima de Sevilla pero, la verdad es que me parece complicado que se pueda llegar a determinar casi exclusivamente, como se propone, en función de las condiciones geométricas de la calle sin partir tan siquiera de una simple carta bioclimática. Probablemente estaría de acuerdo con el indicador (sobre todo si midiera el porcentaje de tiempo que se puede usar el espacio público en condiciones de confort) pero tengo serias dudas respecto al método de cálculo.

Complejidad urbana

A la complejidad el documento le dedica cinco indicadores: complejidad urbana, reparto entre actividad y residencia, superficie mínima de los locales, proporción de actividades de proximidad, diversidad de actividades y proporción de actividades densas en conocimiento. De todos ellos me interesa especialmente el primero, no sólo porque es desde siempre uno de los ejes de la sostenibilidad para Salvador Rueda, sino por motivos personales.

Imagen del trabajo comentado

Y es que la fórmula que se utiliza para medir la complejidad es la de Shannon basada en las probabilidades. Esa misma fórmula la utilicé en el año 1976 para medir la entropía producida en diferentes sectores de la estructura urbana de Madrid. Ese trabajo lo presenté como Tesis para obtener el título de Técnico Urbanista del Instituto de Estudios de Administración Local. Tesis que ese mismo año recibió un premio de investigación. Sin embargo (y a pesar de haber recibido un premio que apareció en el BOE ese mismo año) no conseguí publicarlo hasta el año 1998. Podéis bajaros el trabajo titulado "Cálculo de la entropía producida en diversas zonas de Madrid" aquí, ya que es el número 10 de los Cuadernos de Investigación Urbanística. Así, además, para aquellos que no los conozcáis os pongo en contacto con esta colección que ya lleva más de cincuenta números (ahora convertida en revista) y cuya finalidad es difundir, gratuitamente y en castellano, trabajos de investigación relacionados con el urbanismo. Su promoción corre ahora a cargo de una Red de más de veinte universidades latinoamericanas que también actúan como revisoras de los trabajos.

Imagen del CIU10

Aunque la finalidad de la fórmula de la sumatoria de la probabilidad multiplicada por el logaritmo en base dos de la probabilidad no es la misma en mi trabajo que en los indicadores que comento, las bases conceptuales sí lo son: la teoría de la información o de la comunicación (según los autores). La verdad es que no tengo muy claro que sea, realmente, una medida de la complejidad (por supuesto que lo es de la diversidad ya que mide probabilidades) pero a Salvador y su equipo les parece que si y supongo que tendrán sus razones. Un día tendremos que discutirlo. En cualquier caso, lo que medí en el año 1976 fue la cantidad de información producida por la estructura urbana en diferentes sectores de la ciudad de Madrid, que según Wiener y Shannon es la entropía cambiada de signo (negantropía).

Imagen del CIU10

En realidad, aunque por cuestiones de registro del trabajo (era una tesis de diplomados) en el título se menciona la palabra estructura, lo que de verdad medí fue la entropía producida por una serie de características de la trama urbana, casi todas referidas al viario, porque mi intención más que llegar a unos resultados era probar una metodología. Aunque llegué a unos resultados, claro. Como anécdota voy a transcribir los bits de entropía obtenidos para las nueve variables consideradas, por áreas ya clasificadas desde la menor a la mayor entropía producida:

1,24 bits - Barrio de Salamanca
3,78 bits - Ciudad Lineal
3,98 bits - Lavapiés
4,40 bits - Calle Mayor
4,44 bits - Palomeras
4,59 bits - Puerta de Moros

Puede advertirse como va creciendo la entropía conforme la estructura urbana es "menos planificada" o "más histórica". Hay que exceptuar el caso de Palomeras pero es que la Palomeras analizada era, en aquellos momentos, un barrio de infraviviendas de Madrid. La estructura en malla cuadriculada del Barrio de Salamanca se destaca notablemente del resto. Esto indica, evidentemente, que las condiciones de organización (estructura superpuesta al caos) son muy fuertes en esta zona. La pregunta sería ¿es esta también una medida de la complejidad? Tengo serias dudas porque entiendo que en la complejidad no interviene sólo la diversidad de elementos sino, y básicamente, las conexiones entre ellos que no se consideran de ninguna forma en la fórmula de Shannon.

Metabolismo urbano

Para medir el metabolismo urbano se usan ocho indicadores tales como los residuos sólidos urbanos, la autosuficiencia hídrica o el nivel sonoro. Querría señalar algunos puntos respecto a la Autogeneración Energética de las Viviendas que es el primero de los indicadores. Para este indicador se diferencian dos tipologías arquitectónicas: edificios unifamiliares y plurifamiliares. Para esta última se distinguen entre aquellos que llegan a las cinco plantas de viviendas (baja más cinco de vivienda) y los que las superan. Los condiciones de autogeneración que se consideran para edificios colectivos son los siguientes:

Cuota de agua caliente sanitaria del 70 % a partir de energía solar.
Cuota de calefacción del 40 % a partir de energía solar.
Cuota de frío del 60 % a partir de energía solar.
Cuota de 100 % para elementos comunes a partir de fotovoltaica.

Y en los unifamiliares:

Cuota de agua caliente sanitaria del 70 % a partir de energía solar.
Cuota de calefacción del 40 % a partir de energía solar.
Cuota del 100 % para iluminación a partir de fotovoltaica.

Se supone que hasta las cinco plantas de viviendas existe suficiente superficie de azotea para cumplir los requisitos solares de autogeneración y que, a partir de las cinco plantas se tendrán que "compensar en un Banco de Energías Renovables, de titularidad pública y con carácter finalista, es decir, las ganancias producidas por el banco deberán invertirse o aplicarse en el desarrollo de las energías renovables o en los servicios públicos municipales con consumo energético".

Imagen del trabajo comentado

Es evidente que el modelo requiere una notable depuración respecto a las tipologías arquitectónicas consideradas que, entiendo, debían haberse pensado por ejemplo en función de las condiciones climáticas (Víctor Olgyay, por ejemplo, ya propuso una clasificación basada en estos criterios hace ya muchos años).

Biodiversidad

Los indicadores relacionados con el aumento de la biodiversidad intentan medir la relación de los ciudadanos con la naturaleza. Aunque aparentemente no parecen indicadores de sostenibilidad, si lo son de forma indirecta al intentar que esta relación se produzca en la ciudad y sus habitantes no tengan que desplazarse "huyendo" de la misma. Me gustaría detenerme en el Índice de Permeabilidad porque también se trata de otro tópico recurrente en la literatura (por ejemplo, en los trabajos de Sukopp y Werner) y que ha sido objeto de no pocas discusiones.

Imagen del trabajo comentado

En la propuesta de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona se distinguen cuatro tipos de superficies: permeables, semipermeables, impermeables no edificadas e impermeables edificadas. Aunque luego en el análisis gráfico se distinguen hasta seis tipos distintos que se afectan por un factor. En general me parece interesante que se distinga entre diferentes tipos y que no quede reducido todo a la dicotomía permeable-impermeable. Una vez determinado el índice de permeabilidad multiplicando la superficie de cada tipo por su factor correspondiente, sumándolas todas y dividiendo por la superficie total en una malla de 200x200 metros, se propone que, por lo menos, se reserve un 30% de suelo permeable en áreas con un grado de edificabilidad superior al 50%. Si repasamos la literatura encontramos variaciones entre 20% y el 50% de suelo permeable como necesario en función, básicamente, del clima (que determina la evapotranspiración potencial) y de las condiciones de confort.

Cohesión social y función guía

Respecto a la cohesión social se usan sólo dos indicadores: mezcla de rentas en la edificación residencial y acceso a equipamientos y servicios básicos. Por último, la función guía de la sostenibilidad utiliza un único indicador: la eficiencia del sistema urbano. Pensaba que al hablar de la eficiencia del sistema urbano se referían a la relación entre consumo y satisfacción o felicidad del ciudadano, pero no. Se trata de la relación entre el consumo de energía primaria y la complejidad del sistema.

Imagen del trabajo comentado

Bien, hoy he escrito un artículo duro de leer y supongo que, para muchos, aburrido y tedioso. Sin embargo se trata de una cuestión muy importante. Durante años hemos estado planteando las bases teóricas de algo nuevo que ha irrumpido de forma inesperada en la historia de la Humanidad y que ya nos afecta de forma decisiva. Se le puede llamar de muchas formas (límites del crecimiento, sostenibilidad, etc.) pero resulta imprescindible contar con ello. Casi no hemos tenido tiempo de centrar sus parámetros fundamentales pero aquellos para los que nada cambia nos exigen continuamente números y más números. Como si los números, en general, no significaran una utilización perversa de los conceptos y de las ideas (quizás por eso mismo los necesitan: para utilizarlos según sus intereses). La introducción de la huella ecológica significó un avance considerable en el proceso de cuantificación y permitió introducir de forma didáctico-numérica la sostenibilidad (y, sobre todo, la medida de la globalidad del nuevo modelo) en la cultura de muchas personas.

Imagen del trabajo comentado

Pero en el campo más técnico estamos necesitados de dar respuesta a las peticiones de los profesionales que demandan rutinas y metodologías seguras y contrastadas, que les permitan saber si sus proyectos se encaminan en la dirección adecuada. En arquitectura, por ejemplo, ya existen sistemas que nos permiten medir la eficiencia energética de un edificio de forma bastante aceptable. Pero en el urbanismo todo es más complicado, ya que se trata de un tema transversal que abarca muchos campos, complejo e indeterminado en muchos de sus aspectos. Por eso los momentos en que aparecen propuestas como la que hoy he comentado son momentos felices para los que nos dedicamos a estas cuestiones. Y deberían serlo también para todos en general.